"Cuando la enfermedad entra en un hogar, no se apodera sólo de un cuerpo, sino que teje entre los corazones una tela oscura que entierra toda esperanza. Como el hilo de una telaraña que se enredara alrededor de nuestros proyectos y de nuestro aliento, la enfermedad, día tras día, devoraba nuestra vida. Cuando volvía a entrar a casa desde el exterior, tenía la impresión de estar en una tumba, y sentía frío todo el rato, un frío que nada aliviaba, hasta el punto de que, los últimos tiempos, cuando dormía junto a Lucien, me parecía que su cuerpo aspiraba todo el calor que el mío pudiera robar en otro sitio."
-Muriel Barberi-
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