La sonrisa de él no la salvaría.
Ese amor no les daría una salida para
los típicos problemas cotidianos que les presentaba la vida.
Y así,sin mediar palabras,desechó,como quien arroja un bollo de papel por la ventana,todos los sentimientos que habían inundado su alma hasta el último momento.
Se alejó con paso decidido,ese que define un adiós para siempre.
Ella se sentó en el piso y comenzó a juntar los pedazos esparcidos de su corazón hecho añicos y,mientras las lágrimas heladas caían por sus mejillas,trató de recordar los escasos momentos en que creía que todo estaría bien y que la felicidad sería un faro eterno que nunca se apagaría.Me encanta esto que escribí hace unos meses,poder utilizarlo ahora en estas circunstancias.Me enorgullece haber escrito algo como esto.

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